Un poco de historia…
Desde hacía mucho tiempo en mi cabeza y sobre todo en mi
corazón rondaba la idea de hacer una escuela de padres “diferente”, un espacio
para la reflexión sobre la educación y crianza de los hijos, un espacio para
los papás y mamás interesados en crear un mundo más afectivo y respetuoso,
donde poder retomar los valores y las relaciones familiares, el diálogo con
nuestros hijos, escucharlos, poder entenderlos, aprender con ellos y
acompañarlos en sus etapas de crecimiento; definir límites y ofrecer pautas y normas para
convivir en armonía; observar las fortalezas de cada familia y potenciarlas, y
tomar conciencia de las debilidades y poder trabajarlas y liberarnos de las
creencias que nos aprisionan y nos limitan.
Me planteaba que cada familia es única, diferente de
cualquier otra del mundo con “personalidad propia” y recursos para educar, eso
sí… recursos propios, por eso no servía una escuela de padres convencional y de
receta. Esa era la esencia y el alma del proyecto, ahora faltaba darle vida.